Los Servicios Sociales municipales analizan las barreras invisibles del edadismo

Campaña ‘12 meses, 12 compromisos’

Los Servicios Sociales municipales analizan las barreras invisibles del edadismo

Un coloquio intergeneracional en la 'Casa Josito' analiza cómo los estereotipos sobre la edad limitan el desarrollo y la identidad de las personas

Los Servicios Sociales de Manzanares celebran su 40 aniversario con un enfoque directo hacia los prejuicios sociales. En el marco de la iniciativa '12 meses, 12 compromisos', el mes de mayo centró su atención en el ‘edadismo’. Este fenómeno, según explica la educadora social Beatriz Ocón Muela, comprende el “conjunto de estereotipos, prejuicios y comportamientos negativos dirigidos hacia las personas en función de su edad biológica”. Para ello se organizó un “espacio de reflexión” donde todas las voces contaron su propia historia sin intermediarios.

Servicios Sociales
03-06-2026
Participantes en el coloquio intergeneracional sobre edadismo en los Servicios Sociales Municipales

En el artículo del mes de mayo de esta campaña municipal, Beatriz Ocón advierte que estas etiquetas sociales sobre la edad han “encorsetado” a la población en roles rígidos. Según la educadora social, muchas personas ven influenciada su vida de forma negativa y “han dejado pasar la oportunidad de tener nuevas experiencias” por creer que no tienen edad para ello. El objetivo municipal es claro: romper con la idea de la vulnerabilidad y destacar que en todas las etapas existen “oportunidades nuevas”.

Con el fin de reflexionar sobre el concepto de edadismo y cómo los estereotipos generacionales afectan la identidad y las oportunidades de las personas a lo largo de su vida, el centro social ‘Casa Josito’ acogió una mesa redonda en la que participantes de diferentes edades analizaron los prejuicios que enfrentan tanto jóvenes como adultos y ancianos en la sociedad actual.

Mientras los menores de edad denuncian la falta de autonomía y criterio propio, las personas mayores se enfrentan a mandatos sociales que limitan sus experiencias y pueden derivar en aislamiento o soledad. Los testimonios coincidieron en la importancia de romper con estas etiquetas preestablecidas para fomentar una mirada basada en las capacidades individuales y no en la fecha de nacimiento. En última instancia, se promovió que cada persona construya su propia historia, viviendo con plenitud y libertad, independientemente de su edad biológica.

Coloquio intergeneracional

La adolescencia y la juventud abrieron el coloquio intergeneracional. Elena Criado Villalta dijo que a su generación se le tilda de “vagos” o se piensa que se preocupan más de ellos mismos que de la sociedad. Reivindicó el criterio de la juventud y que el valor de una opinión depende de la persona, no de la edad.

Por su parte, María Maldonado Nieto coincidió en que la sociedad percibe a los jóvenes como un grupo “perdido” o sin futuro claro. Criticó que los mayores vean en ellos un “punto de locura” o una falta de percepción del peligro, cuando en realidad la mayoría son “personas muy centradas” con objetivos laborales definidos.

En cuanto a la adultez, Moisés Molina-Prados Martín-Buro describió la realidad de quienes se acercan a los 40 años como una “generación sobreexigida”. A su juicio, son vistos como una generación que debe adaptarse a crisis constantes y nuevas tecnologías, mientras cargan con el peso de cuidar tanto de los hijos como de los mayores.

Desde una perspectiva de mayor veteranía dentro de la adultez, Juan Antonio Serrano Sánchez-Migallón aportó una visión más optimista. Para él, esta es la etapa “donde mejor vistos estamos” por el resto. Expuso que las personas adultas actúan como nexo, pues son “los hijos de esas personas que están en la tercera edad y los padres de los jóvenes”.

Experiencia contra el olvido

Las representantes de mayor edad aportaron la visión de quienes han vivido realidades muy distintas. Francisca Soguero Ciudad Real indicó que la juventud actual “vive de otra manera” y lamentó que muchos “no hacen caso de los que les puedas aconsejar”. A pesar de los prejuicios, mantiene su autonomía personal: “Yo soy como soy y hago lo que me parece que está bien”.

Finalmente, Bárbara Maeso Díaz-Benito de las Huertas sostuvo que “la edad influye mucho en las personas” debido al cambio en los estilos de vida. Ante la pregunta de si los mayores pierden su utilidad, fue tajante al afirmar que las personas de su edad “valen más que muchos jóvenes”.

Con este encuentro intergeneracional titulado ‘¿La edad importa?’, se quiso demostrar que, frente a los mandatos sociales, la clave reside en que cada persona sea capaz de construir su propia “historia alternativa” con plena libertad.

 

Artículo del mes de mayo:

LA EDAD NO IMPORTA SI TE CUENTAS DESDE TU HISTORIA ALTERNATIVA

Beatriz Ocón Muela. Educadora Social de Servicios Sociales de Atención Primaria del Ayuntamiento de Manzanares

Una vez que nacemos, no podemos evitar que los años pasen y que, todas las personas de este planeta, viajemos a través de las diferentes vicisitudes de la vida. Cada etapa del ciclo vital, es vivida según los ingredientes que en nuestro camino encontramos, recogemos y hacemos nuestros.

Cada persona contamos nuestra propia historia a través de diferentes relatos, en diferentes contextos y situaciones, dando significado a quién somos para nosotros mismos y para los demás.

Cuando contamos nuestra vida, cuando nos contamos, lo hacemos influenciadas por las diferentes vivencias experimentadas en nuestra familia de origen, por el género al que pertenecemos y, también, al que sentimos pertenecer, influenciadas por el contexto en que vivimos, por la cultura o culturas que nos rodean, por las creencias y valores personales, además de un largo etcétera.

Diferentes factores dan forma al contexto en el que transcurren nuestras vidas e impregnan el cómo nos contamos a través de un relato personal, único e intransferible. Sin duda, una mirada desde un plano subjetivo.

A lo largo de la historia, el ciclo vital de las personas ha sido estudiado desde diferentes enfoques, teniendo en cuenta la edad biológica, los cambios físicos, cognitivos y psicosociales, siempre como un intento de aunar ideas para comprender el desarrollo del ser humano y entender cómo funcionamos en cada etapa de nuestra vida.

Basándonos en las clasificaciones que la psicología del desarrollo ofrece sobre el ciclo vital de las personas, encontramos múltiples opciones y términos que dan nombre a cada una de las etapas de la vida: etapa prenatal, lactancia, infancia, niñez temprana, preadolescencia, adultez temprana y tardía, madurez, vejez, tercera edad, cuarta edad, senectud.

Dichas clasificaciones que nos plantea la psicología del desarrollo según la edad, están basadas y condicionadas en características físicas, psicológicas y sociales observadas en las personas en contextos determinados normalmente en sociedades occidentales con normas sociales concretas, preestablecidas y cambiantes.

Asumiendo este enfoque, la sociedad en la que vivimos ha construido una imagen concreta para cada grupo de edad asociando una serie de características (mejores o perores), capacidades y limitaciones, virtudes y/o defectos, derechos y deberes, funciones, dificultades y oportunidades…. Esta imagen preestablecida de los grupos de edad, sentencia de alguna forma que la persona siga un determinado estilo de vida, que da un significado concreto al hecho de pertenecer a uno u otro grupo.

En este sentido, ¿podemos hablar de la existencia implícita de mandatos o normas sociales ligados a los grupos de edad? Desde mi punto de vista sí, existen estos mandatos sociales de manera implícita y explícita.

Quién no ha escuchado alguna vez “¡no tienes (o no tengo) edad para esto!”, “¡cómo haces eso a tu edad”, “es cosa de jóvenes/viejos”, “Abuelo ¡tú no sabes!”

Estas y otras expresiones, nacen de una serie de creencias que pueden llevar a las personas de los diferentes grupos de edad a encorsetarse en determinados estilos de vida, mermando la posibilidad de enriquecer sus propias experiencias de vida de una manera alternativa a los mandatos sociales de los que hemos hablado y que, con cierta frecuencia, pueden llegar a incapacitarlas produciendo en ellas situaciones diferentes consecuencias negativas como el aislamiento social y la soledad no deseada, entre otras.

Esta mirada donde cada edad se rige por una serie de mandatos sociales, que en mi opinión están cargados de razones muy cuestionables, nos invitan a hablar del término edadismo.

¿Qué es edadismo?

El edadismo es el término acuñado por el gerontólogo Robert Butler en 1969 para referirse al conjunto de estereotipos, prejuicios y comportamientos negativos dirigidos hacia las personas en función de su edad biológica, afectando principalmente a las personas mayores, aunque pueden afectar en cualquier etapa de la vida.

Según esta definición, el edadismo impregna, de manera inconsciente, nuestra forma de pensar, sentir y actuar en relación con el resto de personas y con nosotros mismos en función de la edad. A su vez, influye en la forma de actuar en cada uno de los momentos de nuestra vida y como consecuencia en la forma de sentirnos y vernos. Influye, por tanto, en nuestra forma de vivirnos en cada una de las etapas de la vida.

Y yo me pregunto, si el edadismo influye tanto en la propia imagen que tengo de mí, ¿qué puedo hacer?

Como hemos visto, el edadismo surge de la existencia de estereotipos, prejuicios y comportamientos negativos aprendidos que reproducimos, dándose de manera casi mecánica e inconsciente. Tomar consciencia de esta forma de mirarnos y mirar a los demás, nos permitirá vivir de manera alternativa a los mandatos sociales relativos a la edad y, contarnos de manera diferente.

Si somos conscientes de qué características forman nuestra propia identidad, aumenta la probabilidad de no caer en la reproducción de roles ligados a la edad, preestablecidos socialmente a lo largo de la historia. Siendo conscientes de ello, podremos elegir ser y estar de manera más acorde con nuestra propia identidad, aquella que define quienes realmente somos y queremos ser, en armonía con nuestros valores y creencias, en libertad.

El edadismo a veces es tan poderoso que puede tener consecuencias, sobre todo en edades más avanzadas, como son la soledad no deseada y el aislamiento social. Los diferentes estudios realizados en cuanto al aislamiento social y la soledad no deseada, desvelan que afectan incluso disminuyendo la esperanza y calidad de vida de las personas.

Como educadora social en el equipo de Atención a la Dependencia y Promoción de la Autonomía Personal y, corresponsable de la prestación de Ayuda a domicilio y el Aula de Mayores en el área de Servicios Sociales de Atención Primaria del Ayuntamiento de Manzanares, desarrollo mi labor profesional con personas de avanzada edad y sus familiares y referentes más cercanos.

La coordinación entre recursos me lleva a participar en diferentes conversaciones, formales e informales, entre distintas profesionales que trabajan directamente con personas de edades más avanzadas. En estas conversaciones, quiero destacar que, independientemente de las posibles limitaciones físicas o cognitivas de las personas con las que trabajamos, observamos claramente que la participación de estas en los diferentes recursos y actividades marcan un antes y un después para muchas de ellas.

Hemos visto cómo ha cambiado positivamente su forma de vivirse y, con ello, su forma de contarse al resto de personas. Han vuelto a vivir a través de una impresionante metamorfosis, liberándose de la parte más negativa que presenta la espera al fin de la vida.

Desde servicios sociales, a menudo encontramos personas inmersas en situaciones de soledad no deseada, rutinas pobres de estímulos, falta de nuevas experiencias de vida, aislamiento social e incluso pensamientos negativos limitantes e incapacitantes que lleva a muchas personas a desear el final de la vida, situaciones propias de una mirada edadista.

Es necesario trabajar el conocimiento de los mandatos sociales en relación a las diferentes edades para producir un cambio en pro de la mejora en la calidad de vida de las personas y la apertura hacia la elección de las actividades que generen estilos de vida saludables y amplíen las posibilidades de enriquecer nuestra experiencia vital, y aquí la edad no importa.

Como educadora social desde Servicios Sociales, trabajo desde una mirada donde existe la posibilidad de vivirnos y contarnos de manera diferente, a través de nuestra propia historia alternativa. No dejarnos llevar por los mandatos (pre)históricamente establecidos a través de la participación en diferentes actividades y experiencia vitales y con nuestra identidad por bandera, es la clave para vivir plenamente hasta el final de la vida.

Coloquio intergeneracional sobre edadismo en los Servicios Sociales Municipales